A pesar de que ahora están vacías, las catacumbas de Kom El-Shoqafa, en Kazoum, la parte este de Alejandría, atesoran en sus pasillos subterráneos todavía muchos misterios. Según la leyenda, un burro cayó en un hoyo a más de doce metros de profundidad el 28 de septiembre de 1900. Se descubrió así la que se considera ahora una de las siete maravillas de la Edad Media.

En la actualidad, estas catacumbas de Alejandría son el lugar de sepultura más grande de la época grecorromana. Y un destino que merece la pena visitar.  

Imagen de una momia trasladada al Museo Egipcio. Crédito: Jensie De Gheest / Pixabay

Cómo y por qué ver las catacumbas de Alejandría

Unas escaleras en forma de espiral conducen al segundo subsuelo de estas catacumbas. Allí es donde se esconden la mayoría de los secretos de este destino: pasillos, cámaras, habitaciones y la mayoría de las tumbas del lugar. 

Pero lo importante de las catacumbas no es el destino, es decir, la cámara de los sarcófagos, sino el camino. El trayecto que se recorre desde su entrada hasta llegar a la planta subterránea es lo que empapa al viajero de arte y cultura. Y es que las paredes y los techos cuentan con la presencia de figuras tan importantes para la historia egipcia como Atenea o Medusa

Que estas catacumbas empezaran siendo tumbas privadas y más tarde se convirtieran en un cementerio público las hace todavía más interesantes. Como une a gente de diferente posición social en una misma sala, quien las visite podrá observar cómo cambia la decoración y la disposición de las tumbas por la importancia que tenían en su época. 

El origen de la momificación

No se puede negar que las momias son un gran atractivo turístico, pero poca gente sabe cómo se llega a conseguir que un cuerpo no se descomponga durante tanto tiempo. Os aseguramos que, aunque pueda parecer información difícil de digerir, ayudará a entender por qué tanta gente tiene tanta fascinación por visitar los destinos que albergaban a estos fósiles humanos.

Primero de todo, hay que entender que todo empezó por la cultura. Los antiguos egipcios creían que después de la muerte había otra vida. Así que, para asegurar la existencia post mortem, necesitaban asegurarse de que el alma se pudiera volver a integrar en el cuerpo en la otra vida.

Cómo era el proceso

Se podría creer que las momias son solo símbolo de historia y cultura antiguas, pero el proceso de momificación esconde mucha ciencia tras él. El protagonista de la conserva del cuerpo fúnebre es el natrón, una mezcla natural compuesta por elementos como sulfato, carbonato, bicarbonato y cloruro sódicos. Provenía de los yacimientos que se encontraban entre El Cairo y Alejandría, principalmente de Uadi-el-Natrum.  

Previamente a la existencia de la momificación, los cuerpos se enterraban envueltos en pieles de animales u otros materiales para que así la arena seca del desierto pudiera deshidratar el cuerpo y, de esta manera, conservarlo. Pero esta técnica mejoró hasta inventarse así el proceso de momificación artificial conocido actualmente.

Los egipcios llegaron a esta técnica inspirados por la leyenda de Osiris, que fue embalsamado y resucitado por Anubis. Consiste en envolver el cadáver con vendas de lino impregnado de natrón, un proceso que duraba alrededor de unos setenta días, mientras el cadáver se secaba al sol.

Finalmente, se celebraba una procesión encabezada por sacerdotes y plañideras que llevaban al difunto hasta el sitio donde iba a permanecer durante siglos. Los familiares hacían reuniones para conmemorar la pérdida y, en las catacumbas de Alejandría, ese sitio es la sala principal. 

Otra información de interés

Por último, si os animáis a visitar Alejandría, también os dejamos información en nuestro blog sobre Cabo Verde, un paraíso en el mismo continente.


Referencias:

  • Panzer, S., Borumandi, F., Wanek, J., Papageorgopoulou, C., Shved, N., Colacicco, G., & Rühli, F. J. (2013). “Modeling ancient Egyptian embalming”: radiological assessment of experimentally mummified human tissue by CT and MRI. Skeletal radiology, 42(11), 1527-1535.
  • Tchapla, A., Méjanelle, P., Bleton, J., & Goursaud, S. (2004). Characterisation of embalming materials of a mummy of the Ptolemaic era. Comparison with balms from mummies of different eras. Journal of separation science, 27(3), 217-234.
  • Dawson, W. R. (1927). Making a mummy. The Journal of Egyptian Archaeology, 13(1), 40-49.

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