Seguramente mucha gente tenga en su lista de “Cosas que hacer antes de morir” subirse en elefante para admirar los paisajes de algún país asiático. Seguramente también mucha de esa gente no sepa que con ello está contribuyendo al cautiverio y al maltrato de esta especie, cada vez más explotada para que los turistas hagan paseos a sus lomos. Pero hay algunas alternativas para cumplir el sueño de interactuar con estas criaturas, entre ellas Kipling Camp.

Pero, antes de hablar sobre nuestra recomendación (aunque si investigáis un poco, encontraréis más santuarios del estilo que puede que se sitúen más cerca de vuestra estancia), primero explicaremos los motivos por los cuales no deberíais elegir cualquier actividad con elefantes que encontréis por barata que sea.

El maltrato de los elefantes indios

Los humanos nos creemos dueños de muchas cosas, entre ellas estos animales desde que nacen. La vida en cautiverio de los elefantes maltratados empieza cuando, desde recién nacidos, son separados de sus madres para ser metidos en jaulas. Están encadenados durante día y noche. Reciben duros entrenamientos y largas jornadas de trabajo para ofrecer un rato de diversión que oculta el sufrimiento continuo que padecen.

Según se reveló en informes de la World Animal Protection (WAP), estos animales “tienen una dieta pobre, no reciben atención veterinaria adecuada y, a menudo, viven en lugares estresantes, con música fuerte, junto a carreteras o turistas ruidosos”. Por no hablar de sus mutilaciones y asesinatos si no se comportan como quieren sus adiestradores, llamados mahouts.

Son muchos los artículos que se han publicado en los últimos años denunciando la tortura a la que son sometidos estos elefantes. Pero, a pesar de que el turismo y el entretenimiento de este tipo ha ido en aumento, la gente sigue desinformada sobre lo que hay detrás de las actividades que realizan con los paquidermos.

Elefantes en su hábitat natural. Crédito: Cocoparisienne / Pixabay

Lo que distingue a los elefantes de Kipling Camp

Nepal, Sri Lanka, Tailandia, Camboya… En destinos como estos es donde más se consume este tipo de entretenimiento turístico. Sus ofertas son muy amplias, pero pocas de ellas son éticas. Como hemos mencionado anteriormente, queremos centrarnos en informaros sobre Kipling Camp.

Se encuentra en la India, concretamente en el Kanha National Park, en Mocha. Es un santuario de animales salvajes, entre ellos elefantes, que permite a los viajeros conectar con la naturaleza, pero siempre con respeto. No se trata de subirse a ningún elefante o verlos coger un pincel, sino de observar cómo viven en su propio hábitat, pues hay pocas escenas más gratificantes que verlos vivir y convivir sitiéndose cómplice de no estar coaccionando su libertad.

Como se explica en su página web, este santuario se fundó en 1982 con el mismo objetivo que mantiene hoy en día: ofrecer un turismo responsable. Ha sido nuestra elección porque, además de dejar que los animales estén en libertad, pretende educar sobre cómo preservar la naturaleza y colaborar para dar trabajo a locales y ayudar a comunidades del lugar.

A la vez, el viajero aprende sobre la cultura y tradiciones del país. Colaboran con una importante ONG de India, la Wildlife Protection Society of India, y han recibido algunos premios por servir de inspiración. Así pues, los animales se encuentran a escasos metros del alojamiento, pero sin poner peligro a los visitantes, que se sienten igual de seguros que ellos para tener la libertad de vivir su día a día.

Para más información sobre los servicios y el tipo de alojamiento que ofrece Kipling Camp, podéis visitar su página web. Y si estáis pensando en visitar otros continentes, recordad que también tenemos información sobre Cabo Verde, el Tibet y Tailandia.

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