Mujeres y niñas de cuellos interminables, coronadas con flores y telas étnicas de alegres colores. Siempre dispuestas con una sonrisa y unos ojos que miran fijamente a la cámara, y que, aunque a menudo pueda pasar desapercibido, tienen mucho que contar. Las mujeres Padaung, más conocidas como las mujeres jirafa, fueron utilizadas durante años por las agencias de viajes para atraer turistas al sudeste asiático. Por aquel entonces casi nadie conocía la verdad, o no la quería ver. 

La realidad de las mujeres jirafa: esclavas de su collar

Las mujeres Padaung forman parte de la tribu Karenni, una de las minorías tibeto-birmanas perteneciente al estado Shan. Durante la década de 1975 y debido al conflicto con el régimen militar de Birmania, huyeron hacia Tailandia. Allí se instalaron en campos de concentración – también llamados cínicamente “poblados” – de la zona de Mae Hong Son, la provincia más occidental de Tailandia. 

Sus cuellos recubiertos con aros dorados no tardaron en atraer la atención de los pocos turistas que por entonces viajaban al sudeste asiático. A cambio de una foto, recibían unas monedas. Por su parte, los gobiernos las agencias de viajes, y su propia tribu vieron una oportunidad económica en la exhibición de las Padaung. Así nació la leyenda de las Mujeres Jirafa y su condena, esclavas desde entonces de su collar.

Las mujeres jirafa
Imagen de una mujer y dos niñas jirafa de Padaung. Crédito: Quique / Pixabay

El primer anillo de bronce o latón, originalmente de oro, se coloca cuando una niña karenni cumple los cinco años. A partir de ese momento, se van añadiendo más aros que van presionando la clavícula hacia la caja torácica. Una deformación que crea la ilusión óptica de un cuello más largo y estilizado.

Existen distintas interpretaciones sobre esta tradición, aunque la más lógica es que obedece a una cuestión estética. En algunas culturas como la egipcia, un cuello largo era considerado un signo de distinción, belleza y riqueza. Esta teoría también nos puede ayudar a entender la utilización de otros anillos que cubren brazos y piernas. 

De lo que no cabe duda es que esta tradición, que tanto interesa a los turistas, está enmascarando la explotación de mujeres que en realidad son refugiadas políticas. Mientras que el gobierno birmano trató de prohibir la utilización de estos collares para no fomentar la percepción de un país poco desarrollado, el gobierno tailandés sigue difundiéndolo como un atractivo turístico.

Madres e hijas, abuelas y nietas, todas ellas son víctimas de un continuo chantaje emocional, haciéndoles saber que su exhibición pública y sus sonrisas son la única oportunidad de supervivencia para la tribu. Además, están sometidas a una estricta política de buena conducta que, en las faltas consideradas más graves como el adulterio, puede acabar con la pena de muerte. 

En definitiva, desde hace décadas todas estas mujeres son el reflejo de la tiranía del turismo y de un gobierno sin escrúpulos. Y aunque es difícil, existen alternativas para viajar por este país sin contribuir a la explotación de minorías étnicas como las de estas esclavas de oro

Consejos para un turismo ético en Tailandia

Una de las medidas más importantes que puedes tomar como viajero responsable es la de no acudir a estos campos de refugiados. El día que las mujeres Padaung dejen de ser un lucrativo negocio, podrán llegar a ser mujeres libres. En este sentido, preservar o acabar con esta forma de esclavitud también depende de la decisión que tomemos como turistas. 

También puedes contribuir alojándote en albergues, que normalmente están gestionados por familias. A veces ellos son los propietarios, pero otras trabajan para una empresa que les ofrece un domicilio en ese mismo albergue, todos los servicios y la alimentación. Una gran oportunidad para una persona refugiada. 

Nunca está de más recordar que no se debe participar en actividades con animales. Aunque cada vez es menos frecuente, todavía existe la oferta de montar un elefante en Tailandia, un animal históricamente maltratado y esclavizado. Si por el contrario quieres entrar en contacto con elefantes de una forma respetuosa y para ayudarles, puedes optar por alguno de los santuarios de elefantes que hay en el norte y centro del país. 

Por último, tratad durante toda vuestra estancia de respetar la cultura y tradiciones locales, el entorno, los monumentos y la fauna. Además, intentad consumir responsablemente ya que los recursos locales como el agua o la luz son limitados. 

Puede que todas estas prácticas estén un poco alejadas de la idea que tenemos de lujo: resorts de habitaciones blanquecinas e impolutas con piscinas infinitas y buffet libre. No obstante, es una forma distinta de viajar que nos permite conocer el país más de cerca, a la gente que vive en él y su particular manera de vivir.

Si estáis pensando en visitar otros lugares del continente, recordad que también tenemos información sobre Cabo Verde, el Tibet o la Índia.


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