El Tibet es el techo del mundo. Y la idea de visitar un país tan alto que roza los cielos resulta innegablemente atractiva, aunque también intimidante. No sólo por su gran altitud, sino también por las cámaras instaladas en todas y cada una de las farolas. El gobierno chino las usa para controlar a los tibetanos desde que invadieron su hogar en 1950. Desde entonces, los locales han visto muy limitada su libertad de expresión. Javier Moro relata en Las montañas de Buda el caso de la monja budista Kinsom.

La historia de Kinsom

Eran las seis de la mañana del 5 de octubre de 1989 cuando llegó a sus oídos la noticia: el Dalai Lama había recibido el premio Nobel. Salió al patio a celebrarlo junto las otras monjas del convento, pero al poco rato apareció un grupo de soldados chinos propinando insultos y golpes de porra. Kinsom acabó en la cárcel de Gutsa, donde sufrió horripilantes torturas: los oficiales chinos la desvirgaron con una porra eléctrica y la usaban para entrenar kung-fu. 

El 22 de junio de 1993, y cuando casi ni se reconocía a sí misma, la soltaron. Kinsom decidió emprender un largo camino para huir de la represión, y lo hizo acompañada de su amiga Yandol, a quien había conocido en Gutsa. Subieron y bajaron el Himalaya a pie, de noche y bajo temperaturas extremadamente frías hasta llegar a Nepal.

Muchos de los tibetanos que deciden huir acaban en campos de refugiados en Katmandú. En la fotografía, el área alrededor de Bodnath Stupa, foco de las comunidades de refugiados budistas y tibetanos. 

Imagen del área alrededor de Bodnath Stupa, foco de las comunidades de refugiados budistas y tibetanos como Kinsom.  Crédito: Erik Tonrer / Flickr.

A pesar de todo, el turismo en el Tibet no está prohibido. El gobierno chino persigue la cultura tibetana, pero la promueve para ganar dinero. Esto no significa que no debamos viajar allí, al contrario: el Dalai Lama anima a los extranjeros a que visiten el país para informar de sus experiencias. Además, el turismo significa también una ventana al mundo exterior para los tibetanos.

A continuación os damos una serie de consejos para que vuestro viaje al Tibet sea de ayuda para la comunidad tibetana.

Consejos para un turismo ético

Para empezar, elegid una agencia local para contratar vuestro viaje. Se trata de agencias ubicadas en la meseta tibetana (Xining, Chengdu o Lhasa) y administradas por tibetanos. De esta manera, aseguramos que el dinero invertido sea destinado a la economía local. Además, estas agencias tienen más experiencia organizando recorridos por el Tibet que los operadores turísticos chinos con sede en otras regiones del país.

SnowLion Tours, por ejemplo, es una compañía de viajes de propiedad tibetana que organiza viajes ecológicos y beneficiosos para las comunidades lugareñas.

Asimismo, si una vez allí queréis contratar un guía o conductor para hacer alguna excursión, aseguraos de que éste sea local. A parte de que estaréis ayudando a la economía tibetana, ellos os aportarán más datos sobre la cultura, la religión y el idioma local que los guías chinos. Tened en cuenta que no podéis tomar fotografías de los oficiales chinos o el guía podría ser castigado. 

Una de las limitaciones impuestas por el gobierno chino es que los turistas tengan un permiso donde se vea reflejado su estadía y los lugares que planean visitar. No debéis desviaros de este itinerario si no queréis perjudicar a vuestra agencia de viajes. Mientras que los turistas se arriesgan a recibir una multa de entre 300 y 500 yuanes, las agencias pueden ser castigadas con un montante de hasta 50.000 yuanes e incluso ser obligadas a cerrar. 

Durante vuestra estancia, usad negocios de propiedad tibetana: hoteles, restaurantes, tiendas… A través del fortalecimiento de la economía local, mejoraréis la vida de los tibetanos y ayudaréis a preservar su patrimonio cultural.

Cuando visitéis templos, monasterios o santuarios, respetad sus tradiciones religiosas. Si deseáis dejar un donativo, es aconsejable que se lo entreguéis directamente a un monje o monja para asegurar que acaba en sus manos. Los tibetanos no pueden mostrar apoyo al Dalai Lama, así que intentad evitar discusiones políticas con los locales. Aunque es posible que no os metáis en problemas, sí que pueden haber consecuencias para los lugareños. 

Por otro lado, si es vuestra intención hacer senderismo por las blancas montañas del Tibet, debéis ser respetuosos y sostenibles con el medio ambiente. Pedid permiso a los nómadas para acampar cerca de ellos, limpiad el sitio antes de iros, llevad vajilla reutilizable, no vayáis al baño cerca de fuentes de agua y no creéis nuevos caminos para evitar contribuir a la erosión del suelo. 

Si seguís estos consejos, vuestro viaje al Tibet no sólo será memorable por los maravillosos paisajes que vais a ver, sino que también aportará beneficios a la comunidad tibetana, al haber puesto vuestro granito de arena en pro del fortalecimiento de la economía local.

Si estáis pensando en visitar otros lugares interesantes en el continente asiático, no dudéis en visitar nuestras entradas sobre India y Tailandia.

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